sexo vainilla
¿Alguien a quien estás empezando a conocer te dijo: "a mí no me va el sexo vainilla» y te has quedado en blanco, sin saber qué responder?

Es muy habitual oír últimamente que se hable de sexo vainilla. Sin embargo, no se trata de un concepto nuevo. Hay referencias al sexo vainilla desde la década del 80. ¿Asombroso, cierto?

¿Por qué se utiliza la vainilla para aludir a este tipo de práctica sexual? La respuesta es simple: por tener un sabor clásico, convencional, no demasiado fuerte ni tampoco neutro. Es un sabor que no arriesga y para algunos, como dice el dicho… «el que no arriesga no gana». 

No obstante, hay tanta variedad en los gustos como personas existen. Nadie es quién para decir qué es lo bueno y qué es lo malo en cuanto a prácticas sexuales, siempre y cuando estas sean consentidas, ¡por supuesto!

¿Quieres saber si eres el típico vainilla en el sexo o, por el contrario, te van más los sabores fuertes, esos que se aderezan con sal y pimienta?

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 ¿Qué es el sexo vainilla?

Vamos a imaginar que te invitan a un restaurante internacional y después de comer te entregan una carta con decenas de postres de lo más excéntricos, variados y coloridos. Luego de mucho pensar pides… ¡un flan de vainilla!

Eso es precisamente el sexo vainilla. Un sexo normal, tradicional, que cumple con las normas políticamente correctas de nuestra sociedad y que vale, es riquísimo, pero no sorprende y lo puedes comer en cualquier sitio. ¿Te has sentido reflejada o reflejado? Entonces tú eres vainilla. 

¿Aún dudas? ¿Te estás preguntando qué es lo normal en el sexo? Vamos a intentar responderte lo mejor que sepamos. Podríamos definir como sexo normal al que practica una pareja heterosexual, al que posee pocos preliminares, al que suele hacer el amor en la posición del misionero, la del perrito, también incluye sexo oral y al final… ¡pijama, Netflix y poco más! Un sexo sin demasiado matices y que no pasa de los dos orgasmos. 

Pero así tampoco está tan mal, ¿cierto?

El sexo vainilla surge para contraponerse al sado masoquismo. Aunque no creemos que quien no practica el sado-maso pueda ser directamente considerado vainilla, puesto que hay muchas variantes entre uno y otro. Es decir, aunque no te guste el sado, ¡no tienes por qué definirte como vainilla!

 

sexo vainilla

 

¿Hay algo malo en ser vainilla?

¡Claro que no! De ninguna manera. ¿Cómo puede haber algo malo en ser vainilla? Simplemente se trata de una actividad sexual tranquila, sin pretensiones y quienes lo practican se sienten muy cómodos en su zona de confort. Quien es vainilla no se expone a ningún riesgo ni le interesa descubrir sensaciones nuevas, es feliz con las sensaciones y emociones convencionales.

El sexo vainilla puede ser tan placentero como cualquier otro y no tiene por qué ser necesariamente aburrido como muchos pretenden hacer creer.

Los del bando vainilla aseguran que, cuando hay verdadera atracción o amor, un gemido o la mirada de su amante les basta para sentirse plenos. Que la piel es la mejor lencería erótica. Que no necesitan de ningún despliegue de artilugios sexuales ni de sensaciones fuertes para sentir emociones intensas.

Los vainillas huyen de la tensión. También creen que la ansiedad durante el sexo no es buena consejera. Que la confianza y la entrega total se construye en base a la previsibilidad. ¿Suena lógico, cierto?

Incluso, acusan a los del «otro bando» diciendo que esos estímulos cada vez más fuertes y retorcidos les impiden sentir realmente.

Sexo vainilla versus BDSM

El concepto de sexo vainilla tuvo su origen en la comunidad BDSM (Bondage, Sado-masoquista). Para ellos, el vainilla es un sexo demasiado suave, aburrido, insípido. Y no es porque crean que hay algo malo en él sino porque sienten que en ese tipo de relación sexual no hay nada que los anime, no hay nada oscuro, ninguna sensación que los desestabilice emocionalmente.

El BDSM utiliza antifaces, esposas, lubricantes para el cuerpo, arneses, látigos, consoladores, látex, vibradores, dilatadores y un largo etcétera.

En definitiva, en la complejidad de la mente humana, aquellos que practican el sexo vainilla encontraron en esta denominación una forma de defenderse de aquellos que, solo por practicar un sexo diferente, se consideran más sofisticados.

Y tú, ¿a cuál de los dos bandos perteneces? ¿Eres más de sexo vainilla o de BDSM? ¡Déjanos tus impresiones en los comentarios para que podamos conocerte!